martes, 15 de diciembre de 2009

La cirugía y la radioterapia, cada vez más voces en contra


Extraído del libro “Cáncer, qué es, qué lo causa y cómo tratarlo”

escrito por Jose Antonio Campoy y Antonio Muro (2.005).



CIRUGÍA: Para los oncólogos el cáncer es una “enfermedad localizada” que debe ser tratada como tal. Por ejemplo, extirpando el tumor, irradiándolo, intentándo acabar con él con “drogas tóxicas” (en eso se basa la quimioterapia) o inhibiendo su crecimiento mediante sustáncias químicas. El médico intentará destruir el tumor con el convencimiento de que así curará al paciente. Sin embargo, la mayoría de las veces el tumor no sólo no desaparece sino que se desarrolla y extiende por otras partes del cuerpo (metástasis). O sí desaparece -o disminuye de tamaño- el tumor, pero aparecen otros al poco tiempo en otras partes del cuerpo.

Y es que los métodos convencionales –de los que forma parte la Radioterapia- se basan en una filosofía médica que tiene su origen en una concepción belicista de la vida: atacar a la enfermedad agresivamente. Con lo que a menudo el cuerpo del enfermo resulta “devastado” durante el proceso aunque puedan producirse períodos de cierta aparente recuperación. Y decimos aparente porque el cáncer y sus causas subyacentes permanecen. Es más, en muchos casos las terapias convencionales lo que hacen es acortar el tiempo de vida, no alargarlo. La literatura médica está llena de ejemplos. No parece que tenga demasiado sentido seguir tratando el cáncer de forma localizada. Y, de hecho, a la vista de los escasos resultados obtenidos parece más lógico buscar tratamientos que refuercen la salud global del paciente y no la de un órgano específico.

Sin embargo, no ha sido esta la línea seguida y actualmente la Oncología afronta el cáncer con cirugía, quimioterapia y radioterapia.

En lo que se refiere a la cirugía es imprescindible para plantearse su uso detectar el tumor en su fase inicial, cuando aún es muy pequeño, está aislado y no afecta a los tejidos adyacentes. Si no es así, operar es terapéuticamente inútil y hasta contraproducente. Pero cuando así ocurre el porcentaje de casos en que el tumor desaparece y no hay recidiva es notable. El conocido Manual Merck de medicina al menos así lo afirma si bien reconoce que la cirugía sola no es suficiente entre un 30 y un 63% de los casos de cáncer de pulmón, entre el 18 y el 35% de los cánceres de boca, testículos, riñón, vejiga, colon, mama, útero, próstata, ovarios y laringe, y en el 6% de los casos de cuello uterino.

Es más, a la hora de afrontar la solucion quirúrgica se siguen ignorando a menudo los riesgos –denunciados por numerosos investigadores- de contribuir a la extensión del cáncer y formación de nuevas metástasis ante la imposibilidad manifiesta de terminar con la totalidad de las células malignas por el método quirúrgico. Por eso precisamente se opta cada vez más por aplicar quimioterapia después de la cirugía. Como medida preventiva a fin de acabar con las células cancerosas que hayan podido quedar en el organismo del enfermo.


RADIOTERAPIA: Para poder entender la realidad de la radioterapia como tratamiento hay que partir de una verdad irrefutable a la luz de los acontecimientos actuales: la radiación produce SIEMPRE efectos negativos secundarios indeseables. Porque además de destruir las células y tejidos cancerosos puede cancerizar las células y los tejidos sanos adyacentes. Con su aplicación no se obtienen además efectos curativos evidentes. Lo que se logra a veces es destruir el tumor, pero, ¿a costa de qué? ¿De provocar su expansión por el cuerpo generando una rápida metástasis?

La terapia con radiación –o radioterapia- consiste en aplicar rayos X de alta intensidad para debilitar la capacidad reproductiva de las células del cáncer. También se utiliza radioactividad emanada de implantes artificiales como las “semillas” de cobalto-60 o radio que se insertan directamente en el tumor. El problema es que –como en el caso de la quimioterapia- esa radiación daña las células sanas al tiempo que destruye las cancerígenas. Y deprime severamente el sistema inmune y puede causar daños graves en los cromosomas. Eso puede ocurrir hasta cuando nos hacemos una simple radiografía así que imagine el posible daño a “dosis terapéuticas”. Especialmente ahora que se conoce que no existe “umbral” para los efectos genéticos de la radiación. Es decir, que cualquier dosis de radiación provoca mutaciones y que la cantidad de las mismas suele ser proporcional a la dosis. NO HAY NINGÚNA DOSIS SEGURA DE RADIACIÓN. La radioterapia es pues, ante todo, un demostrado método cancerígeno. Por eso, los últimos “avances” radioterápicos consisten en minimizar el área que se irradia y el tiempo.

Una vez aplicada la radiación, los efectos aparecen tras un “tiempo de incubación”. Pueden aparecer después de muchos años. Hay que agregar que no todas las células y tejidos son igualmente sensibles o vulnerables a las radiaciones. Además, en términos generales, cuanto mayor es la dosis más rápida es la aparición de efectos indeseables; por eso en la práctica se aplican hoy dosis muy pequeñas a fin de que el “tiempo de incubación” sea largo (hasta más de 25 años). Pero lo cierto es que ni siquiera esa prudencia impide que aparezcan muchas veces metástasis, se reproduzca el cáncer o se generen nuevas enfermedades como consecuencia del daño causado al organismo.

Los defensores del tratamiento con radiación intentan minimizar los efectos secundarios potenciando los “beneficios” que a corto plazo se obtienen. Por ejemplo, la remisión durante 5 años (no hablan de que el paciente se cure) en el 80% de los casos con enfermedad de Hodgkin… siempre que se detecte precozmente. Y aseguran que resulta “efectivo” en el tratamiento de otros tipos de cáncer.

Eso sí, en ningún momento aseguran los oncólogos la curación… por lo que a nadie engañan ni mienten. Su única meta es lograr que los pacientes irradiados sobrevivan cinco años para poder engordar las estadísticas de “curaciones clínicas” (supervivencia de 5 años). Sin tener además en cuenta si con el tratamiento han provocado otras enfermedades ya que, en el marco organicista de la medicina alopática, esas no cuentan como parte del cáncer tratado.

Más información en la web: http://www.dsalud.com/cancer.htm

Datos de interés:

Médicos españoles que afrontan el cáncer con métodos alternativos:

- Dr. Fermín Moriano y Dr. Enrique de Juan. Telf: 91 548 77 13

- Dr. Jose Luis Castillo Recarte. Telf: 91 532 89 32

- Dr. Alberto Martí Bosch. Telf: 948 23 24 88

- Dr. Luis García Cremades. Telf: 91 344 01 80

- Dr. Domingo Pérez de León. Telf: 91 597 40 30.


Web: www.institutobiologico.com

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