martes, 29 de diciembre de 2009

Canción para la autocuración

















Que las fuerzas sanadoras del Sol,
la Luna, las estrellas y los planetas
en su trayectoria fluyan a través de mí,
fluyan a través de mí.

Y como un río
que cargado de lluvias
devuelve las aguas al mar,
pueda yo devolver,
a quienes no lo poseen,
el conocimiento del camino,
para que comprendan
la unidad de la energía
que danza de infinitas formas,
desde el más diminuto átomo
hasta la galaxia más vasta.

Y que en un segundo pueda yo ver
lo infinito desplegarse dentro de mí
y ser libre, y ser libre.

Que el sanador poder del aire,
que todos debemos respirar,
muestre cómo compartimos,
muestre cómo compartimos,
y cómo, con cada respiración,
equilibramos la vida y la muerte,
equilibramos la vida y la muerte.

Que el poder sanador del agua
me haga crecer, me haga crecer,
para que aprenda a vivir cada momento,
mientras fluye.

Que el poder sanador de la tierra
me haga renacer, me haga renacer,
y que al comprobar que
todas las formas de vida,
son igualmente valiosas,
finalicen dentro de mí las contiendas.

Que el poder sanador del fuego
encienda el verdadero anhelo de mi corazón
y me eleve, y me eleve.

Que el poder sanador de la luz
ilumine mi visión para que en mí
se unan todos los opuestos aparentes,
y que, más allá del bien y el mal
deje de ver la vida en blanco y negro.

Que el poder sanador del sonido
fluya a través de mi voz y me circunde,
y afine mi oído a todo lo que oigo
para que mi mente se aclare
y yo pueda librarme de la esperanza y el miedo.

En el silencio sin centro,
que yo pueda ver la gracia sanadora
del brillante y luminoso espacio vacío
como la esencia de mi propia mente,
y así consiga superar las limitadas concepciones del nacimiento y la muerte,
y trascender falsas visiones del tiempo.

Que por el poder sanador invocado en esta canción pueda yo,
y los que sufren, conseguir la fuerza,
y que todos los corazones
conozcan la paz que anhelan.


John Shane, diciembre de 1978

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