martes, 5 de junio de 2012

Coenzima Q-10, para la juventud de los órganos vitales


            El Q-10 es una sustancia parecida a las vitaminas que existe en todas las células del organismo y forma par­te del sistema de producción de energía para los procesos vitales, aunque el envejecimiento y otros factores hacen que disminuya su disponibilidad. Se concentra especialmente en hígado, corazón y en los órganos con mayores necesidades energéti­cas (riñones, músculos y páncreas). Puesto que su estructura es muy similar a la de las vitaminas liposolubles E y K, evita la pero­xidación lipídica casi con la misma intensi­dad que la vitamina E y es más eficaz que ésta para prevenir la oxidación de las lipo­proteínas de baja densidad que transportan el colesterol «malo» (LDL).

 
¿Cómo obtenemos Q-10?
            Este coenzima que contribuye al buen fun­cionamiento celular y estimula el sistema inmunológico se halla en casi todos los ali­mentos, aunque la vía más importante pa­ra su obtención es la síntesis endógena. Nuestro organismo posee la capacidad de fabricarla en niveles óptimos en la juven­tud pero, luego esta capacidad disminuye y el aporte queda limitado a la alimenta­ción y a la suplementación dietética. El precursor del coenzima es un amino­ácido denominado tirosina, que precisa concentraciones adecuadas de ciertas vita­minas (B2, B3, B6 y B9 o ácido fólico) para la formación definitiva del Q-10. El déficit de cualquiera de estos nutrientes da lugar a una carencia de Q-10.

Básico para una salud óptima
            Además del envejecimiento y una dieta insuficiente, otros factores impiden dispo­ner de la cantidad de Q-10 que necesita­mos. Destaca el estrés ambiental, el ejerci­cio intenso y determinados medicamentos (las sustancias contra el colesterol tipo es­tatinas, algunos fármacos para la hipertensión y ciertos antidepresivos). Por todo ello, una suplementación de este nutriente (ver recuadro más abajo) es beneficiosa para prevenir y tratar muchas enfermedades:

            • Patologías cardiacas: mejora el metabo­lismo del músculo cardiaco y previene la insuficiencia coronaria y cardiaca. Ayuda a reducir la medicación de estos pacientes.
            • Inmunodepresión: estimula la función de las células del sistema inmunitario.
            • Envejecimiento celular: contribuye a re­trasar las enfermedades degenerativas.
            • Diabetes: potencia la transformación de la glucosa en energía.
            • Obesidad: la combinación de una dieta hipocalórica con un suplemento de Q-10 ayuda a perder peso en caso de actividad metabólica defectuosa.
            • Aumenta la energía: muchos deportistas lo utilizan para mejorar su rendimiento.
            • Se emplea en la curación y reparación de las encías y en la cirugía oftálmica.
            • Combate la distrofia muscular, la infertili­dad masculina, las úlceras digestivas y aler­gias, la fibromialgia, el asma bronquial, la migraña, la fatiga crónica y el cáncer.

Suplementos de Q-10
            Pueden ser necesarios a partir de los 35 años. El coenzima Q-10 se encuentra en muchos alimentos de nuestra dieta (huevos, espinacas, vísceras, aceites vegetales y pescados como el atún o la sardina). La dieta nos aporta unos 10 mg diarios de Q-10 (la dosis recomendada es de 15 a 30 mg al día) pero la manipulación alimentaria actual tiende a eliminar esta sustancia y nuestra capacidad fisio­lógica para sintetizarla disminuye notablemente a partir de los 35-40 años. Por todo ello, es muy aconsejable tomar suplementos dietéticos de Q-10. En adultos sanos se recomien­dan unas dosis de 30 a 60 mg diarios (abstenerse embarazadas y lactantes).

Rosa Guerrero, Revista Integral

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