jueves, 5 de abril de 2012

Dietas milagro: con la salud no se juega

De tanto exagerarse la cultura del culto al cuerpo, lo que empezaron siendo saludables prácticas destinadas a la búsqueda de una mejora global en la salud del individuo, lo que eran respuestas concretas a dolencias determinadas o lo que se planteaba, simplemente, como una ordenada estructuración de los hábitos alimentarios con fines preventivos han terminado por mutar en praxis que tras una apariencia pseudo científica esconden peligro­sos efectos, en muchos casos de imprevisibles consecuencias: son las dietas milagro.


Tres de cada diez individuos han manifestado en alguna ocasión su deseo de adelgazar por razones médicas o puramente estéticas. De esa ingente población, cerca del 60 por ciento se ha acercado a las dietas milagro para perseguir su objetivo. Y lo ha hecho, en casi todos los casos, atraída por sus promesas de inmediatez en la pérdida de peso pretendida por el escaso esfuerzo requerido para la consecución del objetivo y por sus anunciadas garantías sanitarias. Un maquillaje de excelencia para unas prácticas con fines puramente lucrativos que han sido descalificadas sin ambages por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), dependiente del Ministerio de Sanidad Español, que las considera "ca­rentes de fundamento científico y de grave riesgo para la salud" en su página web.
Por lo general, las dietas milagro basan su fraudulento éxito en una restricción muy severa de la energía ingerida que provoca déficits de vitaminas y minerales y altera el metabolismo del individuo de forma que las hace insostenibles en el tiempo y peligrosas para la salud. Son exageradamente hipocalóricas, por lo que el organismo trata de compensar la falta de energía con un autoconsumo de las proteínas corporales, lo que conduce a una pérdida de masa muscular y, si la dieta se prolonga en el tiempo, a la formación de sustancias peligro­sas para el organismo. Y es en esa pérdida de masa muscular en donde el individuo cree advertir erróneamente el éxito de la dieta al tratarse de tejido muy rico en agua, líquido que se elimina rápidamente con la consiguiente sensación de pérdida de peso. Un peso que -y ahí radica el primer gran problema de las dietas milagro, su 'efecto rebote-, se recupera con la misma o mayor diligencia con que se perdió en el momento en que se regresa a los hábitos alimentarios anteriores a la dieta. La AESAN lo advierte con claridad: "Ese peso re­cuperado se debe predominantemente a la formación de tejido graso, que es, precisamen­te, el que origina problemas de salud y el que deberíamos reducir con la dieta".
Además de ese "efecto rebote", las dietas milagro, muy restrictivas y muy bajas en calorías, constituyen un riesgo evidente para la salud por su potencialidad para provocar deficiencias de proteínas, vitaminas y minerales por la falta de consumo en los alimentos y por producir efectos psicológicos negativos, que pueden derivar en trastornos alimentarios como la ano­rexia y la bulimia, en los individuos que ven frustrados sus intentos de perder peso. Y lo que puede ser aún peor, al abandonar estas dietas, quienes las siguieron no han adoptado unos hábitos alimentarios saludables y regresan invariablemente a las costumbres que les hicie­ron engordar. Y es que para adelgazar no hay milagros. El único camino válido es que el que pasa por el especialista en nutrición. Lo demás es un juego con la propia salud en el que siempre se pierde.

Editorial “Tribuna de la Salud”, nº 27

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