sábado, 29 de septiembre de 2012

Laurel, remedios y trucos



Con sus hojas se coronaban los emperadores de Roma y se uncía a los vencedores de contiendas y torneos. En la Grecia clásica, las hojas de laurel simbolizaban el éxito, el honor, el poder y la gloria, e igual servían para decorar capiteles como para coronar a los artistas. Este gran arbusto de corteza gris oscura y hojas lanceoladas sigue siendo hoy en día el rey, ocupando un lugar muy destacado en la despensa por su inconfundible aroma y sus cualidades medicinales. Desde la Antigüedad se la ha considerado una planta protectora que ampara y previene a quien la posee de enfermedades e infortunios.


Las hojas de laurel, además de dar un sabor inconfundible a los escabeches y guisos, ayudan a digerir los platos pesados. Las expertas abuelas recomendaban tomar infusiones de laurel después de comer para evitar la hinchazón abdominal, la formación de gases, espasmos intestinales o acidez estomacal. La infusión de laurel se prepara echando cuatro hojas de laurel en medio litro de agua hirviendo, una vez está fuera del fuego. Se filtra al cabo de diez minutos y se bebe después de comer y después de cenar. Si no te gusta mucho el sabor, ya que te puede resultar algo fuerte y áspero, puedes añadir a estas infusiones una o dos cucharadas de miel. Esta infusión de laurel, además, sirve para facilitar la absorción de los alimentos y aumentar las ganas de comer, por lo que resulta ideal cuando se sufre anemia y en casos de convalecencia. En ese caso es mejor tomarla antes de comer. Es igualmente de eficaz como bálsamo reparador en afecciones respiratorias como catarros, gripe, bronquitis y enfisema pulmonar, así como para estimular la menstruación.

Un remedio muy antiguo y eficaz para aliviar el dolor en las articulaciones y músculos es realizar masajes diarios en las zonas afectadas con una infusión concentrada de hojas de laurel. También se puede usar el aceite esencial en masajes para aliviar dolores reumáticos y artríticos, contusiones y traumatismos varios, espasmos musculares y para tratar picaduras de insectos. La infusión de laurel, además, sirve para tonificar la piel y resulta muy relajante.

Antiguamente eran muy populares las almohadas herbales; unas almohadas rellenas de hojas y flores que servían para aliviar los más diversos males. Las más populares eran las de laurel, ya que el aroma de esta planta facilita el sueño. Basta con poner unas hojas de laurel bajo la almohada para dormir como un angelito.

Nuestras abuelas solucionaban el problema de la caspa a base de enjuagues de laurel. Haz una infusión echando unas cuantas hojas en medio litro de agua caliente y enjuaga el pelo con ella después de lavarlo. El laurel es antiséptico y purificante.

Si quieres alejar de tu hogar los malos olores y, de paso, conseguir una perfecta desinfección, cuelga ramas de laurel en las habitaciones de tu casa o bien pon en un recipiente sus hojas secas bien picadas. Otra buena idea es quemar hojas de laurel y llenar las habitaciones con su humo. También ayudará a purificar y renovar el aire enrarecido de ambientes cerrados o habitaciones de enfermos.

Si estás a dieta, el laurel te puede echar una mano para perder esos kilos que te sobran. Hierve durante diez minutos 150 g de hojas de laurel en un litro de agua. Deja que repose, fuera del fuego, durante otros diez minutos y filtra. Añade esta infusión al agua del baño y permanece en ella un cuarto de hora. El laurel tiene la virtud de movilizar las grasas y facilitar su eliminación.

Precauciones: No se debe ingerir el aceite esencial en ningún caso. En uso externo puede provocar irritaciones en la piel (probar primero con una gotita en el reverso de la mano, entre el pulgar y el índice, y esperar 24 horas por si se produce alguna reacción alérgica). Evitar las infusiones en caso de gastritis y úlcera gastroduodenal. A altas dosis, las hojas pueden provocar el vómito.

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