domingo, 22 de enero de 2012

¿Las plantas pueden ser peligrosas?


Las plantas y las setas sintetizan sustancias muy poderosas, capaces tanto de curar como de intoxicar. Por ello no hay que tomarlas nunca a la ligera y es preciso estar muy bien informados.

Uno de los argumentos a favor de las plantas medicinales es la ausencia casi generalizada de efectos secundarios, sin embargo esta afirmación es válida para muchas de las que se consumen normalmente, pero ni mucho menos para todas. En enero del 2004 las autoridades sanitarias españolas promulgaron una orden con una relación de plantas medicinales cuya venta libre quedaba expresamente prohibida o restringida, tanto en herbolarios como en farmacias, debido a su potencial toxicidad. Dejando aparte lo acertado o no de dicha selección, que ha creado cierta polémica, sí es cierto que muchas plantas pueden suponer un peligro si se consumen sin las precauciones necesarias. Las hay ciertamente venenosas, pero también las hay que lo son sólo bajo ciertas circunstancias y en determinadas dosis. Como decía Pío Font Quer: “En estos tóxicos pone Dios lo bueno y quien sepa díscríminarlo y administrarlo en dosis adecuadas dispondrá de remedios excelentes”. Paracelso, médico y alquimista suizo del siglo XVI, dejó una máxima para la posteridad que resume muy bien esta cuestión: “Nada es veneno y todo es veneno. La diferencia está en la dosis”. En aquella época muchas plantas de uso médico eran también tóxicos poderosos, also que siguió sucediendo cuando empezaron a generalizarse los medicamento de origen químico, como por ejemplo las sales de mercurio. El opio no faltaba en ninguna botica, antes de que se aprendiera a emular químicamente alguno de sus alcaloides más útiles (codeína. morfina...). Los anglosajones siguen utilizando un mismo término, drug, para nombrar droga y medicamento, y druggist es un sinónimo de farmacéutico, lo que viene a ilustrar el paralelismo que se hace entre ambos productos.

PLANTAS Y MEDICAMENTOS

Por otra parte, muchas veces las plantas, que están en el origen de muchos medicamentos, también resultan efectivas como complemento a determinados tratamientos clínicos. Es el caso de la equinácea, que actúa como estimulante inmunitario en tratamientos oncologicos, o del cardo mariano en tratamientos de reparación hepática. Las hay, por otro lado, que pueden revelarse como una opción interesante a determinados fármacos que comportan efectos secundarios más o menos recurrentes, y que no son bien tolerados por algunas personas.

ALGUNAS CUESTIONES

¿Todas las plantas puede ser tóxicas? No. pero es preciso estar bien informados. Algunas plantas que conforman nuestra dieta habitual bajo determinadas circunstancias pueden llegar a ser tóxicas, como es el caso de las patatas verdes, que contienen un alcaloide potente, la solanina, o la cola de caballo, rica en otros alcaloides,  como la nicotina y la espermidina.

¿Qué las convierte en peligrosas? La composición bioquímica de las plantas determina su grado de toxicidad, y aunque algunos de los principios activos, como alcaloides, taninos y cumarinas, suelen ser los máximos responsables de tal toxicidad, el que una planta contenga mayor número de alcaloides no significa que sea más peligrosa que otra que contenga menos.

¿Pueden afectar de forma distinta? Los efectos producidos por las distintas plantas no son iguales en todas las personas. Pueden variar en función del tipo de patología, de la edad y sexo, de las enfermedades que hayan padecido a lo largo de su vida y de la incidencia de alergias. No todos reaccionamos igual a los efectos de las plantas, pero eso también es aplicable a los medicamentos.

¿Se pueden combinar con fármacos? La respuesta es: depende. No se deberían tomar plantas cuyos efectos pudieran llegar a neutralizar o alterar las funciones de un medicamento concreto. Es el caso del hipérico con algunos fármacos antidepresivos o anticonceptivos, de la equinácea con anabolizantes o del ginkgo con anticonvulsionantes.

¿Hay que ajustarse a las dosis? En determinadas plantas y para determinadas dolencias, ajustarse a las dosis resulta primordial. porque si se sobrepasan pueden producir efectos distintos e incluso opuestos a los deseados. Por ejemplo, la manzanilla ayuda a aliviar una colitis tomada en dosis justas, pero puede provocar una diarrea o incluso el vómito ingerida en dosis altas.

¿En qué casos están contraindicadas? En muchos casos las plantas pueden estar contraindicadas para determinados tipos de personas. Quienes padecen gastritis o úlceras deben evitar las plantas ricas en taninos. Algunos diuréticos deben ser consumidos bajo control médico por personas hipertensas o que tengan cardiopatías o insuficiencia renal.

¿Pueden ser útiles y peligrosas a la vez? Es cierto que algunas plantas pueden ayudarnos a aliviar determinadas dolencias. pero al mismo tiempo su uso puede entrañar un riesgo de mayor o menor alcance. El árnica, por ejemplo, es un excelente antiinflamatorio a nivel externo, pero al mismo tiempo puede provocar serias irritaciones en pieles especialmente sensibles.

¿Las pueden tornar los niños pequeños? Hay plantas que de entrada no resulta recomendable administrar a niños de corta edad, como los diuréticos, por el riesgo de que puedan sufrir una deshidratación, y la mayoría de estimulantes, porque les provocarían inquietud e insomnio. También deben reducirse las dosis a la mitad o la cuarta parte del adulto.


¿Todas las plantas son medicinales? Hay quien considera que sí, si se llegara a conocer la forma de utilizarlas y en qué cantidades. Lo cierto es que la ciencia sólo conoce los principios activos de una pequeña proporción de las plantas existentes, y aunque se están haciendo grandes esfuerzos en este sentido, todavía queda mucho camino por recorrer.

¿Cómo debe actuarse en una intoxicación? Es imprescindible saber de qué especie se trata para poder determinar si se cuenta o no con un antídoto específico. En muchos casos será prudente intentar provocar el vómito, o bien ponerse en manos de facultativos para que procedan a una limpieza gástrica. Pero casi siempre no pasará de una gastroenteritis o una diarrea.

Revista “Cuerpomente”, Extra, nº 18.

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