martes, 15 de marzo de 2011

La revolución del pan de calidad

El pan es hoy un gran negocio, pero de lo que ya no podemos estar seguros es de que todavía sea algo bueno para nosotros. Una cosa es cierta: una rebanada de pan contiene más contaminación que nutrición, más especulación que alimento y más química que sabor. La calidad del pan se ha deteriorado enormemente en los últimos años. Nuestro pan es duro y estéril. Está tan carente de cualquier forma de vida que los elaboradores tienen que inyectar artificialmente vitaminas y minerales al pan que venden.

Camiones llenos de pan prefabricado recorren arriba y abajo las carreteras del país, contaminando el aire para abastecer a todo el país de pan barato. Pero ninguna mente inteligente percibiría este pan como barato. El precio que pagamos en materia de medio ambiente y salud es muy alto. Si comemos un buen pan, fresco y saludable, horneado localmente de forma artesanal o hecho en casa, el índice de cáncer disminuirá; el índice de enfermedades cardiacas descenderá. El gobierno no tendría que fijar impuestos tan altos para pagar enormes cantidades de dinero en medicinas y hospitales. Habrá menos depresiones y una mayor alegría de vivir. Menos tráfico en las carreteras y aire más limpo para respirar. El buen pan es una medida de salud esencial. El Servicio Nacional del Pan hará que el Servicio Nacional de Salud coseche más éxitos. Al prestar atención al buen pan podemos hacer frente a las compañías que producen trigo genéticamente modificado, a las multinacionales que patentan semillas, y podemos apoyar métodos de producción de trigo a pequeña escala, locales y ecológicos, opuestos al monocultivo de las praderas norteamericanas y canadienses.

¿CÓMO EMPEZAR ESTA REVOLUCIÓN?

Quizás podríamos iniciar una Campaña por el Pan Auténtico. Necesitamos organizar la oposición al pan industrial. ¿Qué tal para empezar un adhesivo con el eslogan: «Devuelvannos la panadería artesanal»? Las escuelas serían un buen sitio para empezar. No se puede ofrecer una buena educación con un mal pan. Hagamos que cada escuela enseñe a los niños el arte y la ciencia de hacer pan. Que la comida de la escuela se base en el buen pan. Hacer pan no es una pérdida de tiempo; es la base de una buena educación. Hagamos por tanto que el aprendizaje empiece por el pan. Todo ecologista necesita encontrar el tiempo para hacer pan. El Mahatma Gandhi hizo del acto de hilar un desafío hacia el colonalismo opresivo. La rueda de hilar se convirtió en un símbolo del movimiento independentista. El buen pan debería convertirse en el símbolo del ecologismo. No debería haber sandwiches de pan blanco en las oficinas de Greenpeace o Amigos de la Tierra. El pan hecho de harina ecológica, molida a la piedra, debería poder encontarse fácilmente en la panadería del barrio. La harina blanca, que se decolora con dióxido es tóxica. Este hecho debería hacerse público. El pan blanco es el pan amargo de la desdicha.

¿CÓMO RECUPERAR LA SALUD FÍSICA Y MENTAL?

Hay que empezar por el buen pan. Cuando seamos cuidadosos con la calidad del pan, seremos cuidadosos con la calidad de la alimentación. Cuando seamos cuidadosos con la alimentación, seremos cuidadosos con la calidad de la vida en general. La calidad del pan es demasiado importante para dejarla en manos de los fabricantes; su motivación es obtener beneficos, no ofrecer un pan saludable. Hacer tu propio pan o comprarlo en una panadería artesanal son las dos únicas opciones que nos pueden liberar del dominio monopolístico del gran negocio del pan. El primer paso hacia la autonomía individual y de la comunidad local es recuperar nuestro derecho básico al buen pan. Una hogaza saludable es un derecho de nacimiento.

Artículo escrito para la revista Integral por Satish Kumar, ecopacifista y fundadador de una escuela de no violencia en Londres, de la revista Resurgence, y del Schumacher College, dedicado a los estudios ecológicos y holísticos.

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