miércoles, 14 de mayo de 2014

La baya de açaí

La baya de açaí ha sido apreciada por la población nativa de la Amazonia, durante siglos. El pigmento característico de esta baya hace que contenga sustancias antioxidantes. Su contenido es diverso, proporcionando una amplia gama de fitonutrientes. Crece en los árboles de palma, alrededor de las regiones del río Amazonas. Los árboles pueden llegar a medir entre 40 y 80 pies de altura. Las bayas, de color púrpura oscuro, tienen un aspecto similar a los arándanos.


Algunos de los compuestos encontrados son sustancias polifenólicas, antocianinas como el resveratrol, cianidina-3-galactosidasa, ácido ferúlico, petunidina... También contiene taninos como epicatequina, ácido protocatéquico y ácido elágico. Las bayas de açaí tienen, por lo tanto, una riqueza antioxidante con alta puntuación ORAC, superior a algunas frutas. Además de las sustancias antioxidantes también contiene vitaminas B y minerales.

Las antocianinas están en ciertas frutas y verduras cuyo pigmento es azul o violáceo oscuro. Este color proporciona una protección antioxidante contra los efectos de los rayos UV que pueden, a largo plazo, actuar en estas frutas y verduras. Los científicos han encontrado más de 600 formas naturales de antocianinas. La forma más común es C3G (cianidina-3- galactosidása). Se considera que el efecto antioxidante es sobre la reducción de estrés oxidativo provocada por algunos microorganismos patógenos o por toxinas ambientales. Esto significa que ayuda al sistema inmunológico a funcionar más adecuadamente y aumenta su fortaleza frente a los microbios oportunistas. Además, la baya de açaí contiene una fracción de polisacárido llamado arabinogalactano. Este polisacárido es un hidrato de carbono específico que ha demostrado que puede estimular la actividad de las células T. Esta actividad sobre las células T mejora la respuesta del cuerpo frente a las infecciones.


Extraído de www.naturalnews.com, Natural News, Noviembre 2013

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